Pilum

 

La javalina o pilum consiste en una larga cabeza de hierro con una punta pequeña, y un fuste de madera. En el tipo más común, la parte posterior de la cabeza de hierro se aplana formando una lengüeta, que se remacha en la parte superior del fuste de madera, más ancho que el resto del fuste. El segundo tipo la parte posterior forma un cilindro que rodea la madera y un tercer tipo, menos conocido, tiene un extremo aguzado para clavarlo en la madera del fuste. En el siglo I d.C. los frescos o mosaicos donde aparecen javalinas las muestran a veces con un peso esférico, presumiblemente de plomo, detrás de la unión de la madera con la punta metálica. Al parecer la javalina fue aligerándose a través de los siglos y este peso le proporcionaba más poder de penetración.

Las puntas de pila miden entre 35 y 75 cms. de largo con puntas piramidales o en forma de flecha de unos 5 cm. de largo. El cuello mide de unos 6 mm. de diámetro cerca de la punta hasta unos 9 o 10 mm. cerca de la unión con la madera. La lengüeta mide unos 3 cms. de ancho y tiene forma aproximadamente rectangular. En el momento de forjarla es necesario doblar la parte final de la barra de hierro unos 15 cm. sobre sí misma para poder posteriormente aplanarla y conseguir la necesaria anchura sin perder demasiado grosor. No hay constancia de que las puntas fuesen especialmente endurecidas, simplemente penetraban debido a su diseño.

El fuste de madera estaba hecho de fresno, medía de 1,2 a 1,5 mts. de largo de forma que el total del pilum serían unos 1,7 a 2,1 mts. La mayor parte del largo del fuste, o la totalidad en los pila del segundo tipo, era de sección redonda, de unos 2 a 3 cms. de diámetro. En su parte superior está el bloque de sujección de la lengüeta de la punta metálica, de 13 a 20 cms. de largo y que se estrecha hacia la parte superior. Tiene un corte a lo largo para recibir la lengüeta de la punta y queda cerrado por arriba con una pieza metálica que rodea la madera y está fijada con dos cuñas.

La lengüeta queda fijada por dos o tres remaches, en el caso del pilum del segundo tipo basta con un pequeño clavo.Todas las partes metálicas han de mantener el color negro de forja. La parte inferior del fuste acaba en un aguzamiento recubierto de metal, para poder clavarlo en el suelo.Esto se puede hacer con un triángulo de plancha de metal al que se le puede dar forma con el martillo y unir al fuste con un clavo.

Los remaches se pueden hacer con clavos normales, calentándolos y dándoles unas pasados de lima para que parezcan de forja, poniendo trozos de metal que actúen como arandelas y achaflanando el otro extremo como cualquier remache. Trozos de plancha de metal se pueden cortar para usar como arandelas, pero si se usan arandelas redondas se debe quitar el galvanizado y ennegrecerlas.

El pilum era lanzado desde unos 30 mts. en plena carga de la legión. La pequeña punta podía penetrar un escudo y herir al hombre que lo sujetaba, así como también podía penetrar ciertos tipos de armadura. Si se clavaba en un escudo, aunque no lo penetrase, el peso del pilum entorpecía el uso del escudo hasta el punto de inutilizarlo.

Por último estaba diseñado para que el cuello de metal, al ser muy delgado, se doblase por el impacto y imposibilitase el reuso por parte del enemigo del pilum. Al final de la batalla se podían recoger las javalinas usadas y enderezarlas en la fragua.

Durante al república, cada legionario cargaba con dos pila, uno ligero y otro pesado.En época imperial podemos ver ilustraciones de legionarios con un pilum o con dos, aunque al parecer eran iguales, había desaparecido la distinción entre ligeros y pesados.

Una alternativa para los entrenamientos o para lanzamientos masivos sin temer dañar las javalinas son los "pila de escoba". Se usan barras de metal de baja calidad. se calientan al rojo y se aplanan con el martillo hasta conseguir algo parecido a una punta. El otro extremo se introduce en un agujero practicado en un palo de escoba. Se realiza otro agujero que atraviese palo y barra de metal, y se pasa un clavo que asegure ambos.

Finalmente se coloca un trozo cortado de tubería del grosor del palo de escoba y se fija en la parte de unión del metal, para evitar que la madera se rompa. La madera se oscurece con aceites o ceras y el metal se calienta y oscurece con aceite.

Es preferible no aguzar el extremo inferior ya que si se lanzan en una práctica y posteriormente se carga a la carrera entre ellas alguien podría lastimarse con dichas puntas.